Wednesday, 20 / May / 2020

Agroseguro: 40 años más allá de los campos de Castilla

El Seguro Agrario Combinado cumple cuatro décadas indemnizando los tres años más costosos en daños y con un capital asegurado de más de 14.100 millones de euros.

Dejó escrito Antonio Machado en Campos de Soria:

Las tierras labrantías,

como retazos de estameñas pardas,

el huertecillo, el abejar, los trozos

de verde obscuro en que el merino pasta,

entre plomizos peñascales, siembran

el sueño alegre de infantil Arcadia.

Con menos lírica, pero pensando también en los campos de Castilla y de toda España, la Agrupación Española de Entidades Aseguradoras de los Seguros Agrarios Combinados, S.A. ha celebrado su 40 aniversario, entre el alud informativo de la pandemia por el Covid-19, y recordando que desde el 17 de abril de 1980 Agroseguro gestiona el pool de coaseguro que opera en España para facilitar a los productores la protección del seguro agropecuario.

Y cierto es que con menos metáforas, fue el 12 de enero de 1979 el día que el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba la ley 87/1978 de 28 de diciembre de Seguros Agrarios Combinados, que “establece el Seguro Agrario Combinado de riesgos múltiples” en producciones agrícolas, pecuarias y forestales.

Bajo esta ley, surgida de los Pactos de La Moncloa, “el sistema se ha consolidado como un eje fundamental de la política agraria nacional y una herramienta muy eficaz para la gestión de los riesgos naturales en el sector agrario español”, según señala Luis Álvarez-Ossorio Álvarez, subsecretario de Agricultura, Pesca y Alimentación y presidente de ENESA.

Tal y como recuerda para La Vanguardia Sergio de Andrés Osorio, director del área de Producción y Comunicación de Agroseguro, “han pasado 40 años desde que el 30 de mayo de 1980, el Consejo de Ministros aprobó el primer Plan de Seguros Agrarios Combinados, que ofrecía coberturas contra los riesgos de pedrisco e incendio, fundamentalmente, y para un número limitado de producciones: cereales de invierno en secano, uva de vinificación, manzana, tabaco y cítricos”.

Desde esa fecha, el seguro agrario no ha dejado de evolucionar en España para adaptarse a las demandas de los productores, así como a las cambiantes circunstancias socioeconómicas que el país ha ido experimentando. Explica Sergio de Andrés que “progresivamente el sistema ha ido ampliándose a nuevas producciones vegetales y animales e introduciendo de forma gradual nuevos riesgos y coberturas, lo que llevó a que en 2010 el sistema contara con más de 140 líneas de seguros”.

Hace unos pocos días, el pasado 12 de mayo, el Consejo de Ministros autorizó la suscripción de un convenio entre la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (ENESA) y la Agrupación Española de Entidades Aseguradoras de los Seguros Agrarios Combinados (Agroseguro) para la ejecución de los planes de seguros agrarios combinados en el ejercicio presupuestario 2020.

Este cuadragésimo primer Plan de Seguros Agrarios Combinados, aprobado en noviembre de 2019, cuenta con un presupuesto inicial de 211.267.560 euros para subvencionar las pólizas de seguro que suscriben los agricultores

Un conjunto de 44 líneas de seguro diferentes que cubren cultivos, producciones pecuarias, acuícolas y forestales

En estos años, funciona un nuevo sistema de gestión agrupado por sectores productivos a los diferentes seguros, primero agrícolas y después pecuarios, de forma que, en la actualidad, la práctica totalidad de las producciones agropecuarias pueden asegurarse contra la mayoría de los riesgos que pueden afectarles.

La cartera de seguros agropecuarios comprende en la actualidad 44 líneas de seguro diferentes (28 para cultivos, 12 para producciones pecuarias, 3 para producciones acuícolas y 1 para forestales), dentro de cada una de las cuales es posible elegir entre varios niveles (módulos) de cobertura y entre varias opciones de condiciones.

A lo largo de sus 40 años de funcionamiento, el seguro agrario, gestionado por Agroseguro, ha contribuido a la protección efectiva de los productores frente a eventos climáticos de carácter catastrófico caracterizados por un elevado volumen de pérdidas.

En estos años, las cifras que reflejan la evolución de Agroseguro han cambiado notablemente. Los capitales asegurados han pasado de los 22,17 millones de euros (año 1980) a 14.167, 57 (año 2019). Las primas netas pasaron de 1,15 millones de euros en 1980 a 718,43 en 2019. En cuanto a pólizas, éstas pasaron de 2.204 (1980) a 397.188 (2019). La siniestralidad registrada en 1980 se situó en los 230.000 euros. En 2019, este concepto alcanzó los 640,74 millones de euros.

La sequía hizo del 2012 el año con la siniestralidad más elevada superando los 760 millones de euros en indemnizaciones

Con más detalles, Sergio de Andrés confirma que el año 2012 fue el peor de la historia del Sistema de los Seguros Agrarios. La sequía elevó la siniestralidad de aquel año hasta casi 767 millones de euros.

Pero ha habido otros años pésimos para el seguro agrario, como 2017. Fue este un año de encadenamiento de adversidades climáticas con fuertes sequías que supusieron magnitudes de indemnización desconocidas por este riesgo, heladas intensas y pedriscos generalizados, en total cerca de 737 millones de euros de siniestralidad.

El ejercicio de 2018 fue todo lo contrario que el 2017, caracterizándose por la abundancia de precipitaciones, pero en forma de tormentas muy destructivas de gran extensión y con pedriscos de gran tamaño. Al final, más de 741 millones de euros de siniestralidad.

De Andrés destaca que, para ilustrar la profusión de tormentas de ese año, baste “un dato: en el mes de agosto, todos los días se produjo algún episodio de pedrisco más o menos extenso”.

Como ha informado La Vanguardia-Vivo Seguro, a lo largo del año 2019 se encadenaron todo tipo de fenómenos climáticos extremos: heladas, pedriscos, vientos. Pero sin duda, todos recordaremos ese año como el año de la sucesión de las DANAS que ocasionaron graves inundaciones, daños en la costa e incluso la pérdida de vidas humanas. La gota fría más dañina fue la ocurrida entre los días 11 y 14 septiembre se convirtió en el peor evento de este tipo de la historia del Seguro.

Pero no sólo el exceso de agua causa daños. Conviviendo con estas situaciones de lluvias torrenciales en otras zonas del país, las precipitaciones han resultado escasas y se han producido daños graves por sequía, fundamentalmente en los cultivos herbáceos extensivos, aunque también en uva de vino y olivar. La consecuencia económica, cambio climático mediante, es que el ejercicio 2019 alcanzó una siniestralidad de 640,74 millones de euros.

Los tres últimos ejercicios (2017, 2018 y 2019) se encuentran entre los cuatro más severos y costosos de la historia del Seguro Agrario, solo por detrás de 2012, que fue el que registró el mayor volumen de siniestralidad.

Aseguradoras, agricultores, ganaderos y administración pactan las coberturas y las subvenciones para los productores

Desde Agroseguro, las claves del éxito de su fórmula tiene su base fundacional en el sistema español de seguros agrarios: un esquema legal de colaboración público-privada en el que la Administración Pública, personificada en la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (ENESA), promueve un diseño de las coberturas que se ajuste específicamente a las necesidades sectoriales. Estas se determinan mediante su discusión en foros multilaterales con participación de aseguradoras, de representantes de agricultores y ganaderos y de las comunidades autónomas. Se asume, así mismo, y se subvenciona de forma muy importante –junto con las comunidades autónomas– el coste del seguro que ha de afrontar el productor.

Las entidades aseguradoras, por su parte, desarrollan y comercializan las coberturas y aportan la técnica y la solvencia que les son propias, garantizando las siniestralidades potencialmente extremas. Cuentas con el apoyo de una protección de reaseguro público a cargo de otro organismo oficial, el Consorcio de Compensación de Seguros, que acaba de celebrar también el 80 aniversario de se creación.

Este sistema ofrece grandes ventajas tanto para el sector público, que puede presupuestar y limitar sus aportaciones –la valoración profesional de los daños permite ajustarlos mejor, y las desviaciones son asumidas por el coaseguro– como para el sector productor, que disfruta de una garantía que se ajusta a las pérdidas reales y que no depende de inciertas ayudas públicas específicas, según exponen fuentes de Agroseguro.

Sergio de Andrés añade a las ventajas del sistema otros aspectos como que “la compensación que recibe el productor se ajusta a los daños económicos realmente sufridos y al nivel de cobertura contratado, lo que le permite preservar su nivel de rentas y, por tanto, la continuidad de la explotación ya que el plazo de indemnización es siempre inferior a 60 días desde la recolección o desde el final de garantías, llegando incluso a recibir la compensación antes del momento en que habría cobrado su cosecha”.

En definitiva, el sistema español del seguro agrario establece un mecanismo de protección de la agricultura, la ganadería y la pesca adaptada a los riesgos del sector. Que no son pocos, aunque no les falte poesía. Tal como instó Calderón de la Barca en su Soneto a San Isidro -patrón de los agricultores celebrado estos días-:

“No receléis el fruto de la tierra,

pues cogerán del cielo vuestros ojos,

sembrando aquí sus lágrimas, el fruto”.

Leer noticia publicada en La Vanguardia

Categoría:Artículos