2.
COMPORTAMIENTO DEL AÑO Y ESTIMACIÓN DE LA SINIESTRALIDAD PRODUCIDA
ENERO
Enero fue extraordinariamente húmedo, el más lluvioso de los últimos 25 años, con 119,3 mm de precipitación media en la península (un 85% más elevada de lo normal). La sucesión de borrascas atlánticas dejó lluvias persistentes, vientos fuertes y episodios puntuales de pedrisco, afectando especialmente al valle del Guadalquivir, Andalucía interior, Castilla-La Mancha, Extremadura y amplias zonas del levante y sureste. También se registraron áreas con valores de precipitación muy superiores a lo habitual en el interior, sur de Andalucía y noroeste.
La entrada de la borrasca Harry (16 de enero) marcó el cambio de patrón en la segunda quincena del mes, con la entrada de aire polar marítimo, vientos fuertes y primeras lluvias generalizadas en la vertiente atlántica. A continuación, las borrascas Ingrid (20 de enero), Joseph (25 de enero) y Kristin (27 de enero) tuvieron especial incidencia, con vientos de hasta 120 km/h, frentes muy activos que saturaron suelos agrícolas, con encharcamientos, escorrentías, y nevadas a 600–800 m.
Aunque la mayoría de los cultivos leñosos se encontraban en reposo vegetativo y sufrieron daños limitados, sí resultaron afectadas aquellas producciones más expuestas o próximas a su fase de recolección. Se declararon siniestros en cítricos, hortalizas (alcachofa, patata, espinaca, brócoli y zanahoria), frutos rojos y plátano. Además, como es habitual en esta época del año, se registraron daños ocasionados por fauna, así como perjuicios derivados de inundaciones y no nascencia en los cultivos de cereal de invierno.
La entrada de la borrasca Harry (16 de enero) marcó el cambio de patrón en la segunda quincena del mes, con la entrada de aire polar marítimo, vientos fuertes y primeras lluvias generalizadas en la vertiente atlántica. A continuación, las borrascas Ingrid (20 de enero), Joseph (25 de enero) y Kristin (27 de enero) tuvieron especial incidencia, con vientos de hasta 120 km/h, frentes muy activos que saturaron suelos agrícolas, con encharcamientos, escorrentías, y nevadas a 600–800 m.
Aunque la mayoría de los cultivos leñosos se encontraban en reposo vegetativo y sufrieron daños limitados, sí resultaron afectadas aquellas producciones más expuestas o próximas a su fase de recolección. Se declararon siniestros en cítricos, hortalizas (alcachofa, patata, espinaca, brócoli y zanahoria), frutos rojos y plátano. Además, como es habitual en esta época del año, se registraron daños ocasionados por fauna, así como perjuicios derivados de inundaciones y no nascencia en los cultivos de cereal de invierno.
FEBRERO
El mes de febrero combinó temperaturas inusualmente altas con un régimen de precipitaciones excepcionalmente húmedo. Se sucedieron varias borrascas de alto impacto: Leonardo (3–6 de febrero) dejó lluvias extraordinariamente persistentes en las sierras de Cádiz y Málaga, con registros superiores a 200–250 l/m² en solo 24 horas; seguidamente, Marta (7–8 de febrero) intensificó la situación con vientos muy fuertes, precipitaciones abundantes –incluida nieve– e inundaciones en el sur; posteriormente, Nils (10 de febrero) ocasionó un notable temporal de viento; y, por último, Oriana (13 de febrero) cerró el episodio con rachas huracanadas superiores a los 150 km/h en diversos puntos del país.
Estas adversidades climatológicas tuvieron una especial incidencia en Andalucía, donde las lluvias muy intensas, el viento y las inundaciones por el desbordamiento de varios ríos ocasionaron daños importantes en Huelva, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Granada y Jaén, en cultivos en desarrollo o próximos a la recolección, como olivar, frutos rojos (tanto en producción como en instalaciones), cultivos tropicales (producción y plantación), hortalizas (ajo, zanahoria, espárrago, tomate, brócoli y cebolla), y cítricos (en este caso, también con afecciones significativas en la Comunidad Valenciana y en la Región de Murcia).
Estas adversidades climatológicas tuvieron una especial incidencia en Andalucía, donde las lluvias muy intensas, el viento y las inundaciones por el desbordamiento de varios ríos ocasionaron daños importantes en Huelva, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Granada y Jaén, en cultivos en desarrollo o próximos a la recolección, como olivar, frutos rojos (tanto en producción como en instalaciones), cultivos tropicales (producción y plantación), hortalizas (ajo, zanahoria, espárrago, tomate, brócoli y cebolla), y cítricos (en este caso, también con afecciones significativas en la Comunidad Valenciana y en la Región de Murcia).
MARZO
Durante el mes de marzo, se registraron tres episodios de marcada inestabilidad atmosférica que, si bien no fueron generalizados ni especialmente intensos, ocasionaron daños en determinados cultivos y áreas concretas. En primer lugar, la llegada de una DANA durante la primera semana del mes (entre los días 6 y 8) provocó lluvias torrenciales, tormentas eléctricas, episodios de granizo y rachas de viento intenso. Este episodio tuvo especial incidencia en la Región de Murcia y en el litoral oriental de Andalucía, causando daños principalmente en cultivos frutales y, de forma más puntual, en hortalizas.
Asimismo, a partir de la tercera semana del mes, y con carácter persistente, se desarrolló la borrasca atlántica de alto impacto Therese, de marcado carácter estacional. Este sistema permaneció sobre las islas Canarias y ocasionó daños de baja intensidad por viento, fundamentalmente en el cultivo del plátano y otros cultivos tropicales.
Por último, entre los días 27 y 31 de marzo, se produjo una irrupción de aire frío de origen septentrional que dio lugar a un acusado descenso térmico, con condiciones más propias del invierno que de la primavera. Este episodio provocó heladas en almendro y, de forma más moderada, en uva de vinificación y frutales, debido tanto a la irregularidad del descenso de las temperaturas como al estado fenológico de los distintos cultivos afectados. Las principales zonas dañadas se localizaron en el centro y este de Castilla-La Mancha, así como en comarcas interiores de la Región de Murcia y de las provincias de Almería y Granada.
Asimismo, a partir de la tercera semana del mes, y con carácter persistente, se desarrolló la borrasca atlántica de alto impacto Therese, de marcado carácter estacional. Este sistema permaneció sobre las islas Canarias y ocasionó daños de baja intensidad por viento, fundamentalmente en el cultivo del plátano y otros cultivos tropicales.
Por último, entre los días 27 y 31 de marzo, se produjo una irrupción de aire frío de origen septentrional que dio lugar a un acusado descenso térmico, con condiciones más propias del invierno que de la primavera. Este episodio provocó heladas en almendro y, de forma más moderada, en uva de vinificación y frutales, debido tanto a la irregularidad del descenso de las temperaturas como al estado fenológico de los distintos cultivos afectados. Las principales zonas dañadas se localizaron en el centro y este de Castilla-La Mancha, así como en comarcas interiores de la Región de Murcia y de las provincias de Almería y Granada.
ABRIL
Abril se ha caracterizado por ser un mes extremadamente cálido y, en términos generales, seco, aunque con una elevada inestabilidad atmosférica que dio lugar a tormentas convectivas intensas, especialmente a partir de la segunda mitad del mes.
Destacan varios episodios relevantes, asociados a situaciones de aire frío en altura (DANA) con acusados contrastes térmicos: entre el 10 y el 13 de abril, se produjo el paso de un frente frío con tormentas, descenso térmico y episodios de lluvia, viento y granizo en amplias zonas del interior y del norte; entre el 18 y el 22 de abril, tuvo lugar un periodo de fuerte calentamiento seguido de tormentas intensas con granizo en varias regiones del centro, este y nordeste peninsular; y entre el 28 y el 30 de abril, se registró un episodio asociado a una DANA con chubascos intensos, pedrisco y rachas fuertes de viento, especialmente en áreas del interior de ambas mesetas.
Estas tormentas han ido acompañadas de precipitaciones intensas, rachas de viento significativas y, muy especialmente, de numerosos episodios de pedrisco, con un notable impacto sobre el sector agrario. Los daños se han concentrado principalmente en explotaciones de frutales, cultivos herbáceos, hortícolas y viñedo, ubicadas en áreas del interior peninsular y en zonas de relieve elevado, más propensas a este tipo de fenómenos convectivos.
Desde el punto de vista territorial, las áreas más afectadas por estos episodios se sitúan fundamentalmente en diversas provincias de Castilla-La Mancha y Castilla y León, así como en la provincia de Zaragoza. De forma más puntual, también se han registrado incidencias en las comarcas de Rioja Alta y Rioja Baja (La Rioja), así como en la comarca del Valle del Río Segura, en el interior de la Región de Murcia.
Además, esta inestabilidad atmosférica afectó al cuajado de los frutales, especialmente en cultivos de albaricoque, ciruela y melocotón en el sureste, Extremadura, la Comunidad Valenciana y, en menor medida, en el Valle del Ebro.
Destacan varios episodios relevantes, asociados a situaciones de aire frío en altura (DANA) con acusados contrastes térmicos: entre el 10 y el 13 de abril, se produjo el paso de un frente frío con tormentas, descenso térmico y episodios de lluvia, viento y granizo en amplias zonas del interior y del norte; entre el 18 y el 22 de abril, tuvo lugar un periodo de fuerte calentamiento seguido de tormentas intensas con granizo en varias regiones del centro, este y nordeste peninsular; y entre el 28 y el 30 de abril, se registró un episodio asociado a una DANA con chubascos intensos, pedrisco y rachas fuertes de viento, especialmente en áreas del interior de ambas mesetas.
Estas tormentas han ido acompañadas de precipitaciones intensas, rachas de viento significativas y, muy especialmente, de numerosos episodios de pedrisco, con un notable impacto sobre el sector agrario. Los daños se han concentrado principalmente en explotaciones de frutales, cultivos herbáceos, hortícolas y viñedo, ubicadas en áreas del interior peninsular y en zonas de relieve elevado, más propensas a este tipo de fenómenos convectivos.
Desde el punto de vista territorial, las áreas más afectadas por estos episodios se sitúan fundamentalmente en diversas provincias de Castilla-La Mancha y Castilla y León, así como en la provincia de Zaragoza. De forma más puntual, también se han registrado incidencias en las comarcas de Rioja Alta y Rioja Baja (La Rioja), así como en la comarca del Valle del Río Segura, en el interior de la Región de Murcia.
Además, esta inestabilidad atmosférica afectó al cuajado de los frutales, especialmente en cultivos de albaricoque, ciruela y melocotón en el sureste, Extremadura, la Comunidad Valenciana y, en menor medida, en el Valle del Ebro.




